lunes 31 de enero de 2011
sábado 29 de enero de 2011
Como llamar a un teléfono celular de Argentina desde el exterior
Días atrás me dispuse a mejorar la seguridad de mis cuentas de hotmail, actualizando varias de las opciones dispuestas para ello. Una de esas opciones era la de poner mi nro. de celular, pero al querer configurarlo me encontré conque no era tán sencillo como suponía. Por lo cuál me puse a averiguar y la info que encontré me fué muy útil y ahora la comparto aquí con uds.
Para llamar a un teléfono celular de Argentina desde el exterior, hay que seguir los siguientes pasos:
- Marcar el número para llamadas al exterior (normalmente 00 pero varia dependiendo de donde estemos llamando)
- 54 (código de pais Argentina)
- 9 (porque es un celular)
- 11 (si es de Buenos Aires)
- Número de telefono celular (sin el "15")
Entonces, para completar el nro. de celular de nuestra cuenta de hotmail usando, por ejemplo, el nro. 155-777234 de una persona de Rosario (código 341) sería:
54 9 341 5 777234
Espero que esta información les sea de mucha utilidad.
viernes 28 de enero de 2011
Alexandra Diez de Rivera
Alexandra Diez de Rivera es una fotógrafa, nacida en España y criada en el Reino Unido, que actualmente vive y trabaja en Shangai. Sus fotos tienen un doble sentido y tratan de mostrar la verdad tras la pose.
jueves 27 de enero de 2011
lunes 24 de enero de 2011
domingo 23 de enero de 2011
Las 15 cosas que más nos fastidian de los restaurantes (en Argentina)
1. Que cobren cubierto.
¿Es necesario que un restaurante cobre aparte el lavado del mantel y el detergente que usan para los tenedores? ¿No es más fácil prorratear el gasto en los demás precios del menú? La mayoría de la gente considera que $7 de cubierto es un abuso, pero no dirían nada si cada plato y cada postre costara uno o dos pesos más. Es como si yo fuese a un negocio de ropa y me cobraran $260 por un pantalón más $1 de perchero, $4 de probador y $1,50 por cada mirada al espejo. Un disparate.
2. Que cobren extra por compartir los platos.
La nueva avivada de moda en Buenos Aires es cobrarte un recargo si decidís comer un plato a medias. Son cada vez más los restaurantes bravucones que pusieron un impuesto a la austeridad para quienes tengan poca hambre o prefieran abocarse al postre. Si pedís un café de $7 o una Coca de $10 no pasa nada, pero si comés una tira de asado de $42 a medias, tenés $9 de recargo. ¿O sea que si como dos platos yo sola me hacen descuento?
3. Que apliquen la regla del 1,5 como si los clientes fuéramos estúpidos.
No sé si habrán notado que cada vez que dos comensales piden un mismo plato, en vez de venir dos porciones viene una y media repartida en dos platos, o en una bandeja más grande. Si pido dos woks idénticos, el chef no saltea dos porciones de pollo, no filetea dos porciones de champignones, ni pone dos puñados de almendras. Hace un wok más grande y lo divide en partes iguales. De la misma forma, si se piden dos porciones de papafritas, viene una bandeja grande que jamás tiene la misma cantidad que tienen dos chicas y si se piden dos tés, viene una tetera comunal con agua para dos clientes. No sé a quién se le ocurrió pero como estafa es brillante. Debe ser el único lugar del mundo donde cobrás medio al precio de dos y nadie te rompe la nariz de una piña.
4. Que intenten no entregar factura
El tema es controvertido. Todos sabemos que para tener un local abierto hay que pagar un montón de impuestos y aportes delirantes que nunca vuelven a la comunidad. Da bronca, nadie lo discute. Y no es que uno quiera ser más Don Carlos que Don Carlos, pero… ¿puede ser que en la mitad de los restaurantes no traigan la cuenta, o (lo que es peor) vengan con un ticket “no válido como factura”, una boleta genérica de librería vieja, o un papelito canchero sin ninguna validez legal y que cuando uno pida una factura para rendir los gastos lo miren con mala cara?
5. Que no avisen que el limón es Minerva. Que tengan limón Minerva. Que cobren recargo por limón y encima sea Minerva.
A la mayoría de los restauranteurs jamás se les ocurriría servir jugo Mocoretá de naranja en vez de exprimido, pero sí usan ese líquido espantoso con gusto a neumático que es el limón pasteurizado. Estoy harta de pedir una Coca Cola con limón y que me traigan esa jarrita demoníaca en vez de dos rodajitas recién cortadas y que encima después en el ticket aparezca $2,50 de recargo. Caraduras, planten un limonero en el fondo.
6. Que no te dejen elegir la mesa que vos querés.
Les dicen “hosts” o “anfitriones”, pero la verdad es que el tipo que te recibe en los restaurantes, más que un anfitrión, es un patovica entrenado para negar los boxes o las mesas lindas. Estoy harta de que no me dejen elegir la mesa. ¿Qué culpa tengo yo de que las mesas de dos sean más chiquitas y que los dueños las metan en pasillos, recovecos y otros lugares inmundos cerca del baño? ¿Acaso pago menos por un café si la mesa está en un lugar de paso? ¡Separenlas, rearmenlas, saquenlas, o pongan las mesas justas en los lugares que hay que ponerlas! Seamos 2, 4 o 1500, no queremos cenar al lado de la cocina y oler chaw fan mientras estamos tomando el café.
7. Que se hagan los shoqueados cuando devolvés un plato.
Cada vez que devolvés un plato, el manager o el dueño se acerca a ver si está todo bien, pero si le decís que el chef se olvidó la vinagreta o que el bife sigue crudo (nótese el “sigue”) se hace el sorprendido: “¿En serio? ¡Que raro!”, te dice y te pone cara dudosa. “¿Estás segura? ¿La revolviste?”. Nunca en la vida me dicen que siempre les pasa y que no me preocupe. Siempre me hacen sentir que yo soy una molesta o que tengo visiones, cuando bien saben que el chef se vive olvidando cosas o pueden ver que, efectivamente, la carne no está en su punto.
8. Que ahorren en el aceto y en el aceite de oliva.
Cada vez más restaurantes ponen el oliva y el aceto en coquetas botellas para disimular que lo único original que tienen es el color. Basta con ir a cualquier supermercado chino para verlos: la marca se llama algo de los olivos pero adentro hay aceite de girasol con un poco de oliva y colorante. Lo mismo con el aceto: eso que compran no es aceto. El aceto no tiene gusto a vinagre de alcohol. Prefiero que ofrezcan limón y aceite de maíz con la frente alta en vez de tratar de hacer pasar por algo bueno un aceite de porquería.
9. Que te hagan catar un López tinto y esperen tu veredicto como si fuera un Petrus 2006.
Si compro un vino barato, sé que es barato y punto. No me pidan que haga el ridículo haciéndome el sommelier delante de todo el mundo. Es obvio que lo voy a probar, voy a decir que está ok y listo… ¿Qué esperan? ¿Qué pida un decantador? Un día de estos me voy a cansar, lo voy a hacer girar en la copa, lo voy a mirar contraluz, voy a hacer gárgaras y lo voy a escupir en el piso y me voy a reír yo. Prepárense.
10. Que pongan la música alta.
Cuando voy a comer afuera quiero conversar, leer, descansar. Si deciden poner música —porque quieren crear un clima o porque quieren darle una pátina cool al restaurante— pónganla a un volumen prudente. Si hubiera querido escuchar Los Pericos al palo me hubiese comprado una máquina del tiempo al año 93 y no un combo 4 desayuno.
11. Que los dueños no intervengan cuando hay clientes molestos.
Cada vez que hay un cliente gritando por su teléfono celular, un nene enloquecido que hace espamento, o dos chicas que se ríen y golpean la mesa como animales, los managers miran para otro lado, esperando que otro cliente se acerque a decirle algo. Jamás vi que el dueño de un restaurante le fuera a pedir a un cliente que bajara el volumen. ¿No es curioso? Es su restaurante pero nosotros debemos mediar y negociar con otros clientes como si estuviéramos en la selva, sin normas, sin autoridad. ¡Son ellos los que deben garantizar la armonía, el bienestar y el clima de sus locales! Nosotros somos comensales y estamos ahí para disfrutar, no para trabajar de celadores ad honorem.
12. Que los baños no estén impecables, o que haya olor a baño en el salón.
No hay nada más inmundo que entrar a un baño sucio en el medio de una cena. Los restaurantes siempre aducen que los clientes son sucios y que limpian varias veces al día, pero eso no dura para justificar que no limpian lo suficiente. Yo he pasado ocho horas escribiendo en muchos bares y en todo ese tiempo, jamás vi a nadie entrar a pasar un trapo o a tirar desodorante. Si los clientes son, efectivamente, sucios, limpien más seguido o cambien de rubro.
13. Que insistan con los secamanos automáticos.
En esto voy a ser tajante: sólo un tarado puede estar dos o tres minutos frotándose las manos en el aire. Los clientes no somos el mimo Marcel Marceau y no tenemos ganas de jugar con una toalla imaginaria. Yo entiendo que quieran ahorrarse el papel, pero ese aparato absurdo no es una solución, es una catramina lerda que lo único que hace es apilar imbéciles al lado de la puerta. Prefiero que pongan una señora que dé el papel y que cobre; será abusivo pero al menos no es tan inútil.
14. Que alteren las recetas originales y no avisen.
Cuando yo leo “Ensalada Cesar” en un menú, asumo que es una ensalada César y no una adaptación berreta de lechuga criolla con mayonesa. Si van a reemplazar el parmesano en hebras por queso deshidratado, al menos avísenme. Y lo mismo cuando hay ingredientes de lata o ausentes. ¿Cómo saben que yo no pedí una ensalada específica justo porque quería esas nueces pecán o esos camarones que dice que tiene? ¿No debería decidir yo si todavía la quiero aunque venga sin nueces?
15. Que tomen reservas sólo hasta las 9 de la noche.
Ya sé. Mucha gente hace reservas, los deja plantados, y los restaurantes se quedan con las mesas vacías a las 11 de la noche, y pierden una tanda de clientes. Pero ni en los geriátricos la gente cena antes de las nueve de la noche. Cada vez tienen más reglas abusivas (como ésta, como la cobrar recargo por compartir, como hacerle pagar al cliente el lavado del mantel, como obligarnos a llevar papel higiénico en la cartera) y los clientes estamos perdiendo la paciencia poco a poco. Tener un restaurante implica tomar riesgos. A veces estarán llenos, a veces vacíos. A veces les usarán media botella de oliva a veces no. A veces pedirán tres platos por comensal y a veces compartirán uno entre otros. Entiéndanlo, muchachos: en los negocios a veces se gana y a veces se pierde. Ustedes no pueden ganar siempre.
Sacado textualmente de la nota Las 15 cosas que fastidian de los restaurantes
viernes 21 de enero de 2011
Prepotente? A veces...
Creo que lo que más me molesta de la gente prepotente, es que lo sea según la persona.
jueves 20 de enero de 2011
miércoles 19 de enero de 2011
Creciendo solo
Que hace un pibe de 5 años en la parada del colectivo, sólo, a las 06:30 de la mañana, preguntándole al chofer si lo lleva gratis para zona sur?
lunes 17 de enero de 2011
Dignidad
Dignidad es el sentimiento que nos hace sentir valiosos, sin importar nuestra vida material.
La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, es decir que todos merecemos respeto sin importar cómo seamos. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser. La dignidad es el resultado del buen equilibrio emocional.
A su vez, una persona digna puede sentirse orgullosa de las consecuencias de sus actos y de quienes se han visto afectados por ellos, o culpable, si ha causado daños inmerecidos a otros. La misma dignidad que nos pone por encima de la naturaleza, pues podemos transformarla también en nosotros mismos, contenerla, regularla, nos hace responsables. Un exceso de dignidad puede fomentar el orgullo propio, pudiendo crear la sensación al individuo de tener derechos exclusivos (privilegios).
Es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar.
Vía Wikipedia
sábado 15 de enero de 2011
Los 10 mamíferos más raros y en riesgo de extinción
El Edge of Existence es un programa de la Sociedad Zoológica de Londres que tiene como objetivo ofrecer una última oportunidad de salvación a las especies en mayor riesgo de extinción. Ayer presentó la lista de los 10 mamíferos más raros que están en riesgo de desaparecer
Estos mamíferos fueron seleccionados por su gran diversidad genética y comportamiento inusual. Según datos de la organización, el 40% de los cien más amenazados no tiene asignado un proyecto de conservación por parte de los gobiernos. La Sociedad, que se dedica a rescatar especies exóticas, indicó que el cambio climático, la acción del hombre y la degeneración de sus ecosistemas, están acelerando las extinciones
Muchas de las más exóticas y maravillosas variedades de animales de la Tierra son mamíferos. Por eso la Sociedad Zoológica de Londres eligió a estos 10 mamíferos raros, investigados en 2010 por el Edge of Existence:
Estos mamíferos fueron seleccionados por su gran diversidad genética y comportamiento inusual. Según datos de la organización, el 40% de los cien más amenazados no tiene asignado un proyecto de conservación por parte de los gobiernos. La Sociedad, que se dedica a rescatar especies exóticas, indicó que el cambio climático, la acción del hombre y la degeneración de sus ecosistemas, están acelerando las extinciones
Muchas de las más exóticas y maravillosas variedades de animales de la Tierra son mamíferos. Por eso la Sociedad Zoológica de Londres eligió a estos 10 mamíferos raros, investigados en 2010 por el Edge of Existence:
Cerdo hormiguero ( Orycteropus afer ): Es de color pardo en la parte superior y rojiza en la inferior. Llega a medir 2,2 metros de largo. Tiene un hocico similar al del cerdo y fuertes garras. Pasa el día en madrigueras subterráneas. Es un animal raro, temeroso y solitario.
Ornitorrinco ( Ornithorhynchus anatinus ): Uno de los pocos mamíferos que pone huevos en lugar de tener crías vivas. Mide unos 40 centímetros y pesa no más de 4 kilos. Se mantiene la mayor parte del tiempo nadando en ríos y lagos.
Monito del monte ( Dromiciops gliroides ): Llamado chumaihuén, este marsupial del sur de Chile es una suerte de canguro diminuto cuyo cuerpo, cubierto por un suave pelaje marrón, mide entre 10 y 12 cm, al igual que su cola.
Almiquí de Cuba ( Solenodon cubanus ): Este insectívoro posee una saliva venenosa, usada para inmovilizar presas como una rana. De hábitos solitarios, es de color pardo oscuro y mide 53 cm.
Almiquí de La española ( Solenodon paradoxus ): Lo llaman fósil viviente porque evolucionó hace unos 60 millones de años. Sus parientes más cercanos son los topos y zarigüeyas de América del Norte.
Dugongo ( Dugong dugon ): Es un pacífico herbívoro que se alimenta sólo de algas en las zonas costeras, donde suele pastar por las noches. No se anima a meterse en aguas con temperaturas inferiores a los 20°. Y aunque rara vez se sumerge a más de 10 metros de profundidad, suele esperar 15 minutos entre una inmersión y otra. Lo asocian a leyendas: los antiguos marinos, al verlos, pensaban que eran sirenas.
Equidna de hocico corto ( Tachyglossus aculeatus ): Su dieta se compone de hormigas y termitas. Está cubierto de pelo y púas, tiene un hocico característico y una lengua preparada para poder cazar sus presas a alta velocidad.
Zagloso de Barton o equidna de hocico largo oriental ( Zaglossus bartoni ): Especie de mamífero monotrema de la familia Tachyglossidae, que ofrece una fascinante mezcla entre mamífero y reptil.
Zagloso de Sir David ( Zaglossus attenboroughi ): Con una masa corporal de 2 kilos, pelo corto y denso, tiene cinco dedos armados con uñas en cada extremidad. En las posteriores tienen indicios de la existencia de espolones.
Zagloso de Bruijn ( Zaglossus bruijni ): Entre un erizo y un ornitorrinco que come gusanos, cumple los requisitos para ser un mamífero, pero pone huevos. Además, incuba en una bolsa donde la cría permanece durante varias semanas. Su boca es similar al cilindro de los osos hormigueros.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





















































